Se admite que en España , los nacionalismos periféricos mantienen la
iniciativa en su sorda y demoledora guerra contra el acervo común y la
solidaridad entre los españoles. Pero más cierto es aún que , en gran parte,
somos los españoles no nacionalistas los culpables del abuso contra quienes no comulgan con tanto victimismo.Existe miedo a formar un movimiento cívico que reivindique
nuestro pasado común y nuestra voluntad de futuro común, lejos del circo de
las identidades, los símbolos y las diferencias. Existe
miedo a denunciar la manipulación de nuestro pasado, la permanente verborrea
de los agravios. Cierto que gran parte es ignorancia:aunque se sabe que el castellano está marginado oficialmente en Cataluña, se desconoce por ejemplo que hay ya una "Oficina" destinada a admitir denuncias anónimas contra quienes no escriban en catalán, y el número de multas a comerciantes por no rotular en catalán.Pero sobre todo miedo e impotencia.Y es que una parte de los líderes de opinión todavía mantienen maniatada a la gente haciéndole creer que la fe en un proyecto español es derechista y retrógrada, (¿han leído a Indalecio Prieto, por
ejemplo?) cuando es precisamente el victimismo identitario local lo que nos
retrotrae al Medievo. Lo "valiente" es luchar contra el egoísmo caciquil
mantenido por unas oligarquías locales para las que el fin de tanta
mascarada identitaria supondría su propio fin, y el de la clientela que de
ellos vive. Lo valiente es gritar que el caciquismo autonómico es
antieuropeo, lo admita o lo disimule, y es un cáncer que si se extendiera
debilitaría a Europa frente al mundo. Es hora de que perdamos el miedo a
autodeterminarnos como comunidad nacional de ciudadanos que luchan por el
bien común español. Los intelectuales de izquierdas de Cataluña son un ejemplo.