No es hora de los que tienen miedo

Por michel331 - 14 de Noviembre, 2007, 11:24, Categoría: General

Dice el notario nacionalista López Burniol:

"El alma del Estatut es la afirmación nacional de Catalunya como cuerpo político con vocación de autonomía plena, unido de forma contingente a un Estado impuesto por la historia. Su objetivo no es la regeneración de este Estado como un sistema jurídico común que aúne voluntades e intereses, sino la construcción de un sistema jurídico separado, dotado de autonomía interna, que logre en el futuro su independencia, mediante la dilución dentro de Europa de sus relaciones con España. El designio es claro; los instrumentos aptos. El éxito dependerá de los actores y del juego real de los intereses."

Es posible que muchos entienda, al leer esto, las palabras de Vidal-Quadras: "O acabamos con el Estatuto o el Estatuto acaba con nosotros".También así se entiende que en Cataluña exista una oficina pública de denuncias a quien no rotule su negocio o no hable en catalán, y que se amedrente mediante multas a quien no se someta.O que el castellano esté vetado de hecho en la televisión pública y los organismos autonómicos.O que a los estudiantes catalanes se les oculte el pasado común de Cataluña con España.Y eso con un porcentaje de independentistas menor del 15%  de la población. ¿Pero alguien duda del éxito de los que actúan con decisión frente a la pasividad y el desánimo del pueblo español?

El desafío a España es gravísimo, no hay que seguir engañándose. Es preciso que el pueblo soberano español actúe sin miedo a ser tachado de reaccionario, sambenito típico d ela retórica nacionalista.Es preciso organizarse para defender nuestro espacio de convivencia, solidaridad y progreso frente al ariete de los nacionalismos exaltados identitarios.Es preciso que el pueblo español pierda el miedo a proclamar que no va a consentir la voladura de un edificio de más de 500 años, y que ello no es patrimonio de la derecha, sino de todos.El manifiesto de intelectuales de izquierda catalanes en contra de la imposición nacionalista es un ejemplo a seguir.

Progresismo y España

Por michel331 - 10 de Septiembre, 2005, 10:31, Categoría: General

Se admite que en España , los nacionalismos periféricos mantienen la
iniciativa en su sorda y demoledora guerra contra el acervo común y la
solidaridad entre los españoles. Pero más cierto es aún que , en gran parte,
somos los españoles no nacionalistas los culpables del abuso contra quienes no comulgan con tanto victimismo.Existe miedo a formar un movimiento cívico que reivindique
nuestro pasado  común y nuestra voluntad de futuro común, lejos del circo de
las identidades, los símbolos y las diferencias. Existe
miedo a denunciar la manipulación de nuestro pasado, la permanente verborrea
de los agravios. Cierto que gran parte es ignorancia:aunque se sabe que el castellano está marginado oficialmente en Cataluña, se desconoce por ejemplo que hay ya una "Oficina" destinada a admitir denuncias anónimas contra quienes no escriban en catalán, y el número de multas a comerciantes por no rotular en catalán.Pero sobre todo miedo e impotencia.Y es que una parte de los líderes de opinión todavía mantienen maniatada a la gente haciéndole creer que la fe en un proyecto español es derechista y retrógrada, (¿han leído a Indalecio Prieto, por
ejemplo?) cuando es precisamente el victimismo identitario local lo que nos
retrotrae al Medievo. Lo "valiente" es luchar contra el egoísmo caciquil
mantenido por unas oligarquías locales para las que el fin de tanta
mascarada identitaria supondría su propio fin, y el de la clientela que de
ellos vive. Lo valiente es gritar que el caciquismo autonómico es
antieuropeo, lo admita o lo disimule, y es un cáncer que si se extendiera
debilitaría a Europa frente al mundo. Es hora de que perdamos el miedo a
autodeterminarnos como comunidad nacional de ciudadanos que luchan por el
bien común español. Los intelectuales de izquierdas de Cataluña son un ejemplo.

Los males de la Patria

Por michel331 - 6 de Septiembre, 2005, 18:55, Categoría: General

Este artículo es un extracto de un escrito publicado en el siglo XIX por el ingeniero de minas Lucas Mallada, y recogido hace años en la revista Quercus. Como comenta esa publicación, es una prueba viva de que en el último siglo, la situación no ha cambiado nada: los males forestales ( y generales) de la Patria siguen esperando solución.

Los males de la Patria

por Lucas Mallada

La general escasez de arbolado es otra causa evidente de la pobreza de nuestro suelo, no sólo porque en sí lleva la carestía de leña y maderas e implica el poco desarrollo de industrias derivadas, sino porque acentúa en extremo la sequedad del territorio.

El aumento de la tierra vegetal crece en razón directa de la cantidad de arbolado. Los despojos de los montes, de la leña muerta y de la hojarasca, constituyen un abono natural, enriqueciendo a aquélla con sobrada proporción de humus o mantillo; y éste no puede tener asiento en las comarcas peladas, a las cuales las mismas lluvias desgarran, haciendo asomar el subsuelo con toda su desnudez.

Véase lo ocurrido en muchos parajes de España, donde, con vandálicos instintos e irracional egoísmo, las generaciones que nos precedieron arrasaron enteramente los bosques. Muchas montañas que hoy vemos improductivas, lo seguirán siendo por luengos siglos. En cuanto se arrebató la vida de los árboles que las vestían, sus raíces, ya muertas, quedaron sin fuerza para entretejer el suelo con el césped que aprisionaba la lluvia; se agostaron las más humildes hierbecillas y los arbustos; quedó sin defensa la tierra vegetal, y el trueno de la tempestad se confundió con el estrépito de los témpanos del suelo que cedía al empuje de las aguas. Aquellas montañas, coronadas de flores en pasados siglos, tienen hoy sus rocas al descubierto; antes eran cruzadas en todos sentidos por inmensos rebaños; albergaban felices moradores, las surcaban sendas en todas direcciones; hoy no encontraréis más que ruinas, enormes peñones y grandes cantaleras. Nada que pueda alterar el silencio más absoluto!

En un país como el nuestro, donde, por su grande altura media, los ríos tie­nen que verter sus aguas tumultuosamente, en un país tan desgraciado como el nuestro, donde los gritos de dolor por las inundaciones ahogan las angustias causadas por las sequías, y donde los ardores de un sol abrasador suceden las lluvias torrenciales que todo lo arrasan; en un país tan desventurado como el nuestro, donde tantos miles de kilómetros cuadrados yacen totalmente en abandono, abandono de los que en él seguimos habitando, y abandono de los que emigraron, se cuida poco de la renovación del arbolado. Los ríos circulan por comarcas completamente descuajadas en largos trechos; manos impías los privaron de su mejor adorno, quedando sus orillas indefensas, sin cesar roídas por las aguas.

En su lamentable atraso, en su crasa ignorancia, los pueblos se interesan poco por el fomento de los árboles. Hay provincias enteras donde se tiene repugnancia al más hermoso adorno, a la mejor hechura de la creación. hay comarcas donde es general la aversión al arbolado, sin otro motivo de que atrae a los pájaros y estos devoran las semillas. Bárbaros países de rudos moradores! Merecéis, en cambio, no tener una flor, ni una gota de agua en vuestros campos, asolados por millones de voraces insectos! Que entre estos, más que en las semillas, buscan las aves su natural alimento.

Si mal no recordamos, poco antes de la revolución de setiembre [de 1868] se dictó una ley encaminada a la multiplicación del arbolado. Dicho está que esa ley, como otras mil de las muchas que se dictan en España, ha sido letra muerta, y letra muerta siguen también otras disposiciones posteriores encaminadas al mismo objeto por la falta de fundamento y de sustancia con que en Madrid se decreta y legisla. Para más tiempo del que nuestros gobernantes se figuran quedará en pie tal problema.

Ciegos los gobiernos por la codicia de allegar recursos a todo trance y de cualquier manera, ciego el país por la codicia de ganar terrenos para el cultivo en tierra virgen, fuese o no impropia para la agricultura, y, en cambio, listos y muy avisados los codiciosos especuladores que con la madera y la leña arrancadas pagaban sobradamente los plazos de sus compras, en pocos años se descuajaron más de cuatro millones de hectáreas, en su mayor parte inutilizadas indefinidamente para el cultivo forestal, en su casi totalidad perpetuamente inutilizadas para el cultivo agrario beneficioso.

El fragmento anterior pertenece al libro "Los males de la Patria y la futura renovación española" publicado en 1890 por Lucas Mallada (1841-1920).Está publicado en la Colección "El libro de Bolsillo" de Alianza Editorial, n. 198. Madrid 1994.

Lucas Mallada no fue un arbitrista desencantado o un agorero resentido. Ingeniero de minas, fundador de la paleontología española, de amplios conocimientos de geografía y geología, fue un sabio y un humanista en el pleno sentido de la palabra. Viajero incansable por España, su diagnóstico es certero y su actualidad no se ve empañada por la pasión ni por el paso del tiempo.

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